Una incipiente artista del ‘make up’

Amelia González maquilla a su mamá, la artista Rita Aguila. Foto; A. Segundo.
Amelia González maquilla a su mamá, la artista Rita Aguila. Foto; A. Segundo.

Soy de las que creo que se nace con ciertos talentos y que solo hay que darles un impulso para que salgan a flote y se desarrollen.

Amelia González Águila es de estas personitas especiales a las cuales hay que seguir de cerca para cuando sea famosa nos firme autógrafos, por eso de que nos conocemos de antes.

Hija de dos seres especiales, hoy se las presento en el blog, talento joven de los que me encanta seguir.

Amelia González, self make up. Foto: A. Segundo.

Nacida en Cuba, llevada a Buenos Aires a los tres años, se reencontró con sus raíces con 15 años en un viaje breve a la isla, que ha reconectado viviendo en Miami.

Autodidácta y artista del make up, me cuenta brevemente de sus sueños y aspiraciones.

También nos comparte algo de sus creaciones que puedes disfrutar en su cuenta de Instagram: @makeupbyame3.

“Yo desde muy chiquita empecé a estudiar actuación. Hice obras como Hércules y Aladdin; me acuerdo que mi parte favorita de estar en los shows era poder maquillarme con todo lo que mi mamá no me dejaba usar. Un día que me compró maquillaje me dio una pataleta, porque no era suficiente colorao!! Bromeamos mucho cuando nos acordamos que yo gritaba … esto no pintaaaaaa!!!!

Mi holiday favorito siempre ha sido Halloween aunque en Argentina no se celebraba pero mis amigas y yo nos vestíamos y decorábamos el apartamento con telarañas. Creo que nosotros instalamos esa celebración en el barrio. A los 10 años le agarré a mi mamá su base y unos crayones que habíamos comprado en Party City para disfrazarme de Harley Quinn. Después de eso me fascinó ver videos de efectos especiales, películas de terror y tratar de recrear los maquillajes. Me encantaba hacer cortadas con papel de cocina y goma de pegar y asustar a mi mamá. Siempre trato de hacer maquillajes nuevos y buscar nuevas técnicas que puedan hacer mis maquillajes bien realistas.

Me inspiran los shows de Broadway, este verano fui a ver “Chicago”, lloré cuando tenía las entradas en mi mano!!! Amo las películas clásicas de terror como “Beetlejuice”,” Chucky”, “Freddy Crugger” y “Saw”. Me inspiran mis padres porque todo lo que hago es para hacer que ellos estén orgullosos de mí. Me encantaría pensar que a mi abuelo le encantaría que yo estoy siguiendo el camino del arte y del dibujo de mi propia manera; yo creo que él estaría muy orgulloso de lo que estoy haciendo. Mi abuelo  era un gran dibujante y creador de algunos personajes de animación muy conocidos en Cuba.

Mi sueño sería poder trabajar en Broadway tras bambalinas y como actriz. Me encantaría ser parte de una producción de Tim Burton o ser parte de una película escrita por Stephen King, ser parte de una producción donde pueda mostrar todo lo que puedo hacer y que me reconozcan por lo que hago y amo desde pequeña. Siempre he dicho que hasta el Tony y el Oscar no paro y así va a ser.

 

 

 

Cuba y la cocina: Así habla Verónica Cervera

Verónica Cervera, escritora cubana. Foto: Luis F. Rojas, Nov. 2015, Miami.
Verónica Cervera, escritora cubana. Foto: Luis F. Rojas, Nov. 2015, Miami.

Cocinar es un arte y si alguien conoce bien de esto es Verónica Cervera, que alterna su pasión por la cocina con el amor a los libros desde Penguin Random House | Grupo Editorial, en Miami.

Hace unos años tuve el enorme placer y privilegio de entrevistarla junto a otras colegas en Radio Martí, de ahí hemos mantenido una amistad virtual y personal que me llena de mucho orgullo.

“Mestiza como la vida” abre sus puertas y su corazón a la querida Vero. Disfruten de esta conversación, tanto como la disfruté yo.

Quiero comenzar por el mundo blogger, ¿cómo atrapa a Verónica Cervera?

Comencé en el mundo de los blogs en marzo del 2009 con Evidencias, una bitácora sobre la separación de la familia cubana. Un año después era parte del equipo del blog de la campaña #OZT -creada a raíz de la muerte del preso político Orlando Zapata Tamayo después de una prolongada huelga de hambre-, en la que reunimos más de 53 mil firmas por la libertad de los presos políticos cubanos.

¿Por qué y cómo te lanzas al ruedo de “La cocina de Vero”?

Llegó un día en que necesité alejarme un poco del tema cubano y decidí crear contenido de un tema que puede parecer frívolo para muchos, pero que para nada lo es. Al fin y al cabo todos comemos todos los días (varias veces) y la hora de la comida es el momento de juntarse con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, que son esencia de nuestra vida.

Para los cubanos, como para muchos, la cocina es un santuario, a pesar de las limitaciones en la isla. Ya en otros lares canta otro gallo… Cuando entras a tu cocina, ¿sigues siendo la misma Verónica o pasa algo mágico?

Cuando entro a la cocina trato de dejar todo atrás. Es mi momento favorito del día, a pesar de que mi trabajo me fascina y es sin duda parte de mi felicidad. Trato de pensar sólo en lo que estoy creando y en cuanto le va a gustar a quien lo pruebe, empezando por mí. Un poquito de esto por aquí, una pizca o un chorrito de aquello por allá. Soy majadera y exigente con la comida. Puedo comerme el plato más sencillo del mundo, pero me gusta que esté bien hecho. ¡Y nada como la comida casera! Uno puede controlar los ingredientes y sabes perfectamente qué hay en cada ración.

¿Cuántas satisfacciones te ha dado tu blog?

Lo mejor ha sido conocer a gente maravillosa durante los tres blogs en los que he escrito. Algunos son casi parte de mi familia y de hecho mi libro fue posible a alguien que conocí en la blogosfera.

El libro “La cocina cubana de Vero” ¿qué representa para ti: La nostalgia, el sabor del recuerdo…?

"La cocina cubana de Vero", de Verónica Cervera. Ed. OBERON, 2015.
“La cocina cubana de Vero”, de Verónica Cervera. Ed. OBERON, 2015.

El libro fue publicado en 2015 y cuatro años después lo tomo en mis manos y todavía me parece mentira. Lo veo tan lindo y me emociona tanto como el primer día. En él traté de reunir las recetas básicas de la comida cubana, de rescatar algunas regionales u otras un poco olvidadas y, hasta me atreví a proponer algunos platos con sabor cubano aunque no fueran tradicionales.

Hace poco me pasó algo maravilloso en la presentación del libro de un amigo. La madre de una amiga común me dijo que ella siempre tenía mi libro a mano y que hacía los frijoles negros como los míos. ¡Y esa señora todo el mundo dice que cocina tan rico! Me sentí tan halagada y honrada.

Otra anécdota no tan complaciente, sin embargo muy curiosa, es la de una amiga colombiana que le mostró mi libro a una chica cubana muy joven que acababa de llegar y esta no conocía casi ninguno de los platos. Sabemos que la comida en la isla ha tenido muchos años de escasez y no niego que yo misma he aprendido bastante de nuestra gastronomía de este lado del charco. Mi abuela fue de las primeras en ver mi libro y lo primero que me dijo cuando la llamé a ver que le había parecido fue que no tenía ingredientes para probar casi nada de lo que en él había.

Me imagino tienes muchos platos preferidos, cuéntales un poco a los lectores cuál es el preferido de todos, ah, y de paso, déjales la receta.

Yo tengo muchos platos preferidos de todas partes del mundo. Soy capaz de comerme un ramen aunque esté a 95°F afuera. Además me encantan los dulces. No puedo negarme a un pedacito cuando los tengo delante. Mi familia es muy dulcera. Mami siempre deja un huequito para el postre y mi abuelo si no teníamos dulce se tomaba un poco de leche condensada. Así que vamos con un postre de mi libro que sé que muchos han hecho suyo ya: Flan de coco y queso crema. Espero se quede también en tu casa y en la de los lectores de tu blog.

Este postre da para 8 cuñas y se vale repetir. El coco al flotar forma una especie de crust en la base y el queso crema le da textura de cheese cake a éste.
Ingredientes
5 huevos
1 lata de 14 oz leche condensada
1 lata de 12 oz de leche evaporada
4 oz de queso crema a temperatura ambiente
1 cucharadita de vainilla
1 taza de coco rallado sin azúcar

Para el caramelo:
1/2 taza de azúcar

Elaboración
Ponemos el azúcar en una cazuela mediana con el fogón a fuego medio, hasta que llegue a punto caramelo, unos 20 minutos, moviendo la cazuela a cada rato en los últimos 5 minutos. Bañamos un molde de aproximadamente 17 centímetros (casi 5 pulgadas) de alto y 6 de alto (2 ½ pulgadas) con el caramelo. También puede usar el caramelo listo para usar que venden en el mercado.
Precalentamos el horno a 350⁰F (180°C).
En una batidora, mezclamos los huevos, las dos leches, el queso crema, el coco y la vainilla, batiendo durante 2 o 3 minutos.
Vertimos la mezcla en el molde y lo colocamos dentro de una bandeja con agua para cocinar al baño María, tapado, por 1 hora o hasta que al introducir un palillo de dientes y salga seco. Si no tenemos una flanera con tapa, le ponemos papel de aluminio que no toque el agua.
Dejamos que se refresque bien antes de voltearlo en un plato o bandeja y ponerlo a enfriar en el refrigerador, un mínimo de 2 horas, pero preferiblemente, de un día para otro.
Para enfriarlo rápido te recomiendo poner el molde o flanera en agua con hielo cuando lo saques del horno.

Flan, del libro "La cocina cubana de Vero".
Flan, del libro “La cocina cubana de Vero”.

Mujeres, lindas y cubanas

Yvonne e Yvette Rodríguez (a los lados), mujeres de negocio, cubanas al frente de Tres Lindas Cubanas Cigars 

Siempre me han interesado las historias de mujeres, de las que se trazan un objetivo y lo logran. Un ejemplo de esto es esta entrevista que realicé en el año 2015 junto a mis colegas del programa “Con Voz Propia”, de Radio Martí.

Es la historia de Yvette e Yvonne Rodríguez, hijas de cubanos pero nacidas y criadas en Miami.

Me deslumbraron desde que las conocí.

De ahí surgió una amistad que me enorgullezco de mantener, nos hemos encontrado  en varias ocasiones y siempre ha sido un placer enorme.

A raíz de la entrevista escribí este artículo que comparto hoy con ustedes. Ojalá les guste.

Tres Lindas Cubanas, una empresa de dos mujeres que desafían estereotipos

Negras, de origen cubano y a menudo confundidas con afroamericanas, las hermanas Yvonne e Yvette Rodríguez han triunfado en un negocio tradicionalmente masculino: los tabacos.

Tres Lindas Cubanas Cigars es la empresa familiar de las gemelas Yvette e Yvonne Rodríguez, hijas de padres cubanos pero nacidas y criadas en Miami.

Afiche de Tres Lindas Cubanas Cigars, de Yvette e Ivonne Rodríguez. (FACEBOOK).

Con su línea de tabacos han impulsado el tema racial y la experiencia de ser negras y cubanas.

Yvette e Yvonne compartieron con los oyentes del programa Con Voz Propia, de Radio Martí sus recuerdos familiares, sobre las tradiciones cubanas y, sobre todo, su pasión por los tabacos.

Yvonne habló de la experiencia de crecer en Miami, donde se tenía la noción de que todos los cubanos eran blancos. Al verlas a ellas de piel negra y conocer que eran de origen cubano se asombraban. Siempre surgían las preguntas sobre cuál de sus padres era de raza negra, recuerdan.

La mayor motivación para abrir su negocio de tabacos Tres Lindas Cubanas, fue su abuela, quien les decía que tenían que ser fuertes y las enseñó a sentirse felices con su aspecto.

“Le encantaba fumar tabacos”, explica Yvonne, quien rememora entre risas que esta pasión las atrapó.

El color de la piel de su abuela hizo que las hermanas crearan la línea de tabaco La Clarita con una hoja más clara, mientras que La Negrita se inspira en la tez oscura de las gemelas. Una tercera marca, La Mulata, juega con los matices de las hojas y recuerda esa mezcla racial tan común en Cuba.

Las empresarias explicaron que el tabaco se siembra y tuerce en Nicaragua y se comercializa desde la Brickell Cigar Company, una boutique ubicada en Miami, donde los compradores se asombran cuando las escuchan hablar español siendo afrodescendientes. Por ello, se empeñan en impulsar los estereotipos raciales con algo plenamente cubano: los tabacos.

Ser mujeres negras y cubanas dentro de un mundo tabacalero masculino predominantemente no ha sido un freno para las gemelas Rodríguez. “Al contrario, ha significado un reto que asumimos y ahí está el fruto”, dice Yvonne.

Ellas piensan en el futuro y en seguir la tradición familiar con las nuevas generaciones que vendrán, mientras con su línea de tabacos Tres Lindas Cubanas, un tema musical de Guillermo Castillo, que tararean desde niñas, rinden homenaje a Cuba, sus mujeres y a la abuela que siempre las acompaña.

Miami, ‘mon amour’

En Miami, junto a una pieza de la artista cubana Milena Martínez Pedrosa.

Tantos le han escrito a Miami, en bien y en mal, que dudé sí hacerlo yo , pero como dije, voy a hablar de ese Miami que me acogió hace ya casi siete años y del que no tengo intenciones de desprenderme.

En el 2012 cuando llegamos me pareció fría, distante, complicada y también incomprensible, pero ya es parte de mi vida, de mi aire.

 Me quiero olvidar por un momento de las horas en que paso manejando en el tráfico infernal, jajajaja, de algunos malos tratos, de algunas hipocrecías, de desaires; con esas erlas de menos, a mí que me den el título de miamense ilustre… y a mucha honra.

En este Miami mis hijos comenzaron una nueva etapa de vida, se insertaron en la escuela como si hubieran nacido aquí, vi el cambio en Malcom: ya no lloraba, no se preocupaba por las cosas a que fuimos sometidos por la represión policial, ahora con casi 16 años es uno de mis orgullos. La Brenda llegó muy pequeña, es una excelente estudiante y nos reímos mucho cuando vemos que está americanazada, algunos cubanismos le parecen trabalenguas, pero aún me pide frijoles negros.

A esta ciudad he aprendido a quererla, con sus ruidos, sus incongruencias poblacionales, sus apasionamientos y sus defectos -porque los tiene- pero por sobre todas las cosas, amo a Miami por arroparme (nos)  y darme esperanzas para vivir cuando ya las tenía perdidas.

Le agradezco a  Miami las amistades que conocía y recuperé, también a las que he ido sumando en estos años, para mí,  súper importante, porque como dice el dicho “el que tiene amigos , tiene un central”  y realmente no me puedo quejar de ellos.

Gracias también por esos espacios que me ha permito conocer, donde he pasado momentos espectaculares, esa Calle 8, Ball & Chain; mi querido Lekoké Win and Bites, con Laura y Ronald incluidos; a Pedri e Isa por la hospitalidad constante , disfrutar de  El TanKe y su deleite de cervezas artesanales… y muchos más (nuestro  periplo de fiestas es largo y tendido).

Agradezco de Miami volver a escuchar libremente y bailar esa música que me estuvo prohibida por tanto tiempo, agradezco tener de amigo a esa gran persona que es Luis Bofill y su manera espectacular de transportarme por y con la música.

También por la cocina y la  sazón de los platos cubanos, que estaban casi olvidados por el paladar.

Gracias a Miami por sus playas, su cielo azul, sus paisajes, su gente, mi gente.

Por darme la oportunidad de insertarme en esta sociedad y echar para adelante por mí y mi familia, por permitirme despertar cada mañana (bien temprano, por cierto) y agradecer estar aquí, simple y llanamente estar.

Gracias Miami, por existir.

El amor, el que entra por la cocina

En casa, de los ajiacos cubanos que hice al llegar en mi primer año en Miami (Sept, 2013), y con la Brenda al lado.

Gracias a mi querido Luis Eligio D’Omni, por el impulso para escribir este post.

Los olores, los sabores de la comida jamaicana forman parte de mi vida y la de mi familia, todo eso lo arrastramos por mucho tiempo. Ese olor a canela, a dulce de guayaba, a lechón asado, son inconfundibles.

Pero ya dije que crecí en un hogar con muchas mezclas y donde la comida era eso, un saco inmenso donde cabían muchos sabores y muchas mañas.

Reconozco que no soy muy dada a comer de todo y que de pequeña pasaron las de Caín conmigo, pero recordar a mi abuela cocinando es un privilegio que sé muchos comparten.

Con ella aprendí a romperme la cabeza con recetas que en aquel entonces estaban -para mí-escritas en sánscrito o algo así.

Cocinar es un arte, un oficio, una virtud.

Sus gustos eran complicados por así decirlo, pero cocinaba de maravillas, lo reconozco, de su tierra se trajo el ñame, el guapen o fruta de pan, el ackee o árbol del seso, este último tiene sus características, no se debe comer hasta que madure de forma natural porque de otra manera es venenoso y se usa para acompañar otros platos, es un poco dulce y el plato ideal es con pescado salado.

Mi sorpresa fue grande cuando lo vi acá en en supermercado Publix, en un envase de cristal muy pulcro y divino… y con el precio un poco ‘calentico’.

Tampoco podía faltar en casa la carne de cerdo y los frijoles colorados mezclados con arroz blanco. El ñame, la col hervida y   el guapen lo acompañaba con carne, nunca de pollo, a no ser crillo y criado en casa.

Por supuesto que después a abuela no le quedó más remedio que cubanizar sus platos, no todos en la familia le hacíamos la corte, los más pequeños éramos los más cabezones.

Pero gracias a eso aprendí a cocinar y reconozco que me encanta, hasta estos días no he matado a nadie, jajaja y parece que tengo cierto éxito con determinados platillos: el ajíaco, el congrí y según dicen hago unos chícharos de infarto (que alguien se atreva a decir lo contrario y no los invito más).

Los dulces y esas carnes espectaculares se las dejo a mi querido esposo, de verdad no me puedo quejar, el Chuli cocina espectacular.

Indudablemente somos una mezcla de lo que comemos, de los platos que ofrecemos a los hijos, a los amigos, a las parejas, a los colegas.

Mantener esa costumbre, la de cocinar en medio de tantos compromisos se torna a veces difícil, pero es algo que no abandono, a veces por placer, a veces para no perder la memoria, a veces solo para recordar olores y sabores y casi siempre por el placer de degustar un buen plato.

O simplemente para que el amor siga entrando por la cocina y no se escape.

La otra radio… la radio de siempre

Sorja Smith en Tiny Desk Concert

Escuchar radio en Cuba era como jugar al deporte nacional, casas donde se amanecía con Radio Reloj hasta cerrar la noche con Nocturno y el último noticiero informativo.

Quizás eran otros tiempos y en esta era de tecnología y celulares , muchos  ya no sigan pegados a  la radio.

Acá yo no me he desprendido de ese pasatiempo  (amén de que trabajo en Radio Martí, la emisora que ha ayudado a tantos cubanos a salir de la oscuridad informativa)  sigo escuchando radio y  sigue siendo un hobby difícil de abandonar.

Gracias a mi hijo Malcom y mi querido esposo conocí NPR Music, que  es una red de Radio Pública que emitió por primera vez en el año 1971, cubriendo las audiencias del Senado de los Estados Unidos sobre la Guerra de Viet Nam.

Pero lo más interesante es que tienen una sección “suigéneris”, titulada NPR Tiny Desk Concert, son pequeños recitales en vivo, donde participan todo tipo de bandas en diferentes formatos: puedes escuchar rock, jazz, flamenco, hip hop, música instrumental  y mucho más.

El concepto es impecable, cámaras colocadas estratégicamente, un público que no verás nunca y una intimidad de lujo.

Me he enamorado de Tiny Desck Concert y busco en Youtube,  que es regularmente por dónde lo veo , los nuevos conciertos y los artistas que se han presentado.

Es un deleite visual y para los oídos.

Ahí he descubierto nuevos talentos, me he reencontrado con músicos favoritos, me he emocionado cuando participan artistas cubanos, de esos que tienen tanto talento y tanto que ofrecer.

Al final,  la música une generaciones, corazones y pensamientos.

Te dejo una selección de los conciertos que más me han gustado de Tiny Desk Concert, hay para todos los gustos,  búscalos y disfruta la música y el buen ambiente, porque con música todo se olvida:

Yo soy la nieta de ‘los jamaiquinos’

Es lunes y la nostalgia me invade, nostalgia de mi casa, de mi madre, de los recuerdos de la infancia, de las historias de mis abuelos.

En pocas ocasiones  me siento así porque he intentado durante mucho tiempo ponerle separadores a la nostalgia, si quiero llevar este exilio como mi vida propia.

Recuerdo tan bien a mi abuela Iris -La China, como la llamaban todos-, a mi abuelo Oscar, para todos ‘Panamá’, el apodo que le pusieron desde el tiempo en que pasó en el itsmo como jefe de brigada, construyendo el Canal interoceánico .

Mi abuela, de Jamaica, hija de una nativa de este país y un comerciante, El Chino Chang.

Mi abuela, [‘airis’, Iris] a la que mandaron a Cuba con solo 14 años a vivir con una tía, porque y esto era dicho así: los billetes crecían en los árboles en aquel entonces y los negocios florecían.

Al llegar al puerto mi abuela, una inmigrante, dijo su apellido tal y como la había escrito en la escuela: Chang… pero el funcionario de la aduana en Santiago de Cuba escribió “Chance” y así lo arrastramos hasta hoy.

Yo sigo siendo la nieta de ‘La China’, la nieta de ‘Panamá’.

De mi mente no se apartan las historias de Jamaica, de cómo vivían, qué comían; de los domingos familiares de misas y almuerzos, cierro los ojos y veo a mi abuela contándome de los dos carruajes que tenían, de cómo iban todos juntos, de los trajes, los sombreros, de la mesa siempre llena y con flores.

Para todos mi abuela era del pueblito de ‘san marí’, Saint Mary -la parroquia-hospital-, uno de los puertos con la playa más hermosa de Jamaica.

Escribo esto y las lágrimas siguen estando ahí.

‘Panamá’

De mi abuelo Oscar recuerdo su porte, un hombre de esos ‘de cuello y corbata’, un lord inglés: con su tabaco, sentado en el balance del portal. Nacido en una colonia británica y con una dicción y un talante dignos de admirar.

Mi abuelo nació en Antigua y Barbuda (exactamente en la isla de Antigua)

No recuerdo haberlo visto molesto nunca, su parsimonia era sobrecogedora.

Una imagen que no puedo borrar, mi abuelo sentado en la terraza limpiando con betún mis zapatos para la escuela, su llegada con mangos, nísperos, con las frutas de la estación y  levantándose temprano a buscar leche a la finca de unos amigos.

Mis padres: Inés Palmer Chance y Félix Arjona Walton.

Recuerdo el dolor por la pérdida de los dos, él de 83 años , ella de 92 , un dolor multiplicado porque nunca regresaron a sus tierras, perdieron el contacto con padres, hermanos, primos, pero hicieron lo que hace un inmigrante en cualquier país, vivir, echar raíces, y sobre todo: no olvidar las raíces.

A ellos dos las gracias por haberme educado en un hogar feliz, sin mentiras y con una claridad absoluta de lo que estaba pasando en Cuba, los dos murieron con su carnet de extranjeros, no abandonaron su ciudadanía, tampoco se integraron al “sistema”.

Decentes, honrados, cariñosos, justos, así quiero recordar a La China y ‘Panamá’, mis queridos abuelos maternos.